Elevada

Abrí mis ojos apuntando con mi oscura mirada al cielo. Mi cuerpo reposaba inmóvil sobre la grama, el calor del sol era mi abrigo. ¡Qué abrazo tan sincero el que brinda el Señor Sol! Su calidez me arropaba, mientras su luz me cegaba. ¿O será que yo ya estaba ciega? Estaba encapsulada en aquel estado de semi inconsciencia y fue justo entonces cuando sentí que de mí cuerpo salía mi alma. ¿A qué? ¿Qué buscaba? Me sentí más viva que nunca mientras me elevaba y contemplaba mi cuerpo. Mi alma cada vez iba más alto. La energía era única, aquel estado de inercia me llenó de luz. ¡Yo era luz! Sentí la magia de aquella otra dimensión, la sorpresiva explosión, la deliciosa convulsión. Mi alma se sacudía y desde el aire veía como mi cuerpo carnal se estremecía. Me visitó el placer, convulsioné unos minutos y poco a poco aterrizé, hasta que mi carne recibió mi esencia.

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No

Tantas veces te dije “NO”, tantos años regalándote desprecios y nada te bastó para entenderlo. Mil veces crucé la calle al verte, más tú, caprichoso, insistente, apostaste siempre a que podrías tenerme. No te bastaron mis negativas, ni las veces que te dije que para ti no tenía nada bueno que brindar. Te aferraste a tus ganas de estar donde nada podrías encontrar. Me vi en un momento pensando en matarte, pero ya más muerto no puedes estar. Sentí pena al saber que tu me podías ver tal como me veo yo. Reseca, marchita, opaca. Perdida en la amargura de tantos años sin sentirte, sin verte. Aislada, arrinconada en la pestilente esquina de la soledad. Todo por refugiarme en el olvido, por apostar al desamor, por escuchar a la soledad. Acepto mi realidad; te perdí por cerrarme a ti, AMOR. A ti que me diste tan pocas alegrías y tanto dolor. Huyo de ti, AMOR. Porque cuando te he sentido has acabado conmigo. Tanto me has dolido, que prefiero el olvido, antes que creerte una vez más.

Éxtasis

Somos la suma imperfecta de dos convertidos en uno. La prueba fiel de que la piel es magnética. Somos el vulgar adjetivo que sustituye a la palabra “excitación”. La letra de una canción que es famosa por expresar sin inhibición la ansiedad que posee dos cuerpos que quieren tenerse sin temor a caer en la tentación. Nosotros, la versión descarada de un buen tango, bailando desnudos la música compuesta por nuestros propios gemidos. Somos el pecado y la salvación, ciencia sin explicación, un milagro coherente. Dos guerreros valientes que sólo se rinden ante un final inminente donde derramamos las sobras del encuentro de dos amantes saciados y deseosos de más.

Maldito Lobo

El Universo nos reunió en algún lugar del espacio. Era el encuentro lo que faltaba para comenzar aquel cuento de hadas que juraste viviríamos si mi amor te daba. Mi corazón era un capullo que se fue abriendo de a poco, perdiendo el miedo que sentía de volver a amar. Me fui entregando, fui cediendo a tu deseo de obtener mi amor. Por fin me sentí querida gracias a tu calor. Cada día era más hermoso estar al lado del nuevo dueño de mis sueños. Me enamoré de tí, manso cordero. Pobre de mi….
De repente tu amor se transformó. Mirabas al vacío con ojo de odio. Yo en mi fantasía creí que quizás no estaba dándote lo que querías. Sentía culpa, desdicha. Anhelaba ser esa gran mujer que tu merecía, más no logré y te hice enfadar. Te escuché gritar como una bestia siniestra. Me insultaste sin medida ni control. Tu mano me abofeteó y me hiciste llorar. Jamás te creí capaz de llegarme a tocar. Patán, farsante. ¡¡Cuidado con el lobo!! Me acaba de atacar….
Te vi transformado en un desquiciado y aún me impresiona saberte así. Eres la prueba fehaciente de cómo se convierte un hombre perfecto en un despreciable abusador ¡Maldito lobo! Te miro a los ojos y desbordas maldad. Me hace temblar la forma en la que me hieres sin piedad. Tú, lobo traicionero, no voy a dejar que vuelvas a lanzar mi orgullo contra la pared. Me cansé de ti, de tus abusos, de tu corazón de mierda. No me vuelves a tocar. Me iré deshecha, más no dudes que un día regrese entera, a ver quien puede más….

Soltando

Ya sé que te vas.

Tranquilo, nadie te detendrá. No correré tras de ti llorando, aunque el dolor de esta despedida me está matando, puedo enfrentar dignamente mi realidad.

Esta es mi verdad.

El hombre que amo me está dejando. Y no lo mereces pero estoy llorando. Recordando como fue que llegué a tus brazos. Conservando cada detalle en mi corazón.

Te digo adiós.

Te vas y me dejas el alma sangrando. Sé que ella te está esperando. No tiene sentido que lo sigas negando. Corre a su lado y vivan su amor.

Yo me iré.

Con la frente en alto, aceptando que mi vida se está transformando. Yo también me voy. Te extrañaré, pero te iré olvidando. Seguiré sola, fluyendo…. soltando.

Placer Que Duele

Apareces en mis sueños y me angustia despertar, porque sé que al abrir mis ojos no estarás. Cuando duermo estás aquí, eres tu, puedo sentirte. Respiro de tu aliento y en tus brazos abiertos se encierra mi cuerpo, cuando sin pedirlo me abrazas y susurras “Estoy contigo como un ángel guardián.”. Una lágrima en mi mejilla me recuerda el dolor. Caigo en cuenta y un frío intenso asesina mis ideas de tenerte en mi realidad. No has mentido, no es un juego. Me enamoré de mi Ángel Guardián. El hombre perfecto, el que me cuidaba y ya no existe. Irónicamente, soñarte es un placer que duele. Te marchaste al infinito y jamás volveré a verte, abrazarte o sentirte como antes de perderte. Ya no debo desearte, más ni estando tú en el más allá, ésta mortal dejará de amarte. Tú, mi Ángel Guardián….

29 De Octubre

Tus brazos me recibieron incluso antes que los de mi padre. Yo tan chiquita en aquellas manos grandes y fuertes. Manos que trabajaron la tierra toda una vida, pa mantener a su señora y a su familia. Me cuentan que no querías que me tocaran. Que ésta muñequita era “la negrita de abuelo”. De hecho sé que mi espacio favorito para dormir, era tu pecho. Dice mami que ahí estaba yo de engreída todo el día y que Don Cheo era feliz con su nieta.
Pasaron los años y yo tenía otra casa y una hermana. Pero me encantaba visitarlos. No recuerdo nada más bonito que llegar y verte en tu mecedora viendo la lucha libre. Y abuela siempre allí en una esquinita de la cocina. Tu ponías tu mejilla para que te diéramos un beso. Olías a jabón Ivory y tenías la sonrisa más linda del mundo. Recuerdo que me mandabas a comprarte dulces y yo iba feliz de complacerte, para que luego mami y abuela me dieran un regaño porque eras diabético. Pero ¿yo que iba a saber?
La noche del 29 de octubre, no logro recordar el año, mami me despertó para irte a ver porque te habías “puesto malo”. Llegué y entré a tu cuarto escuchando los gritos de dolor de tití Margarita, ella estaba en el piso y tenía tu mano agarrada. Abuela estaba seria y callada rezando el rosario y el cuarto se fue llenando de gente. Tardé en comprender que estabas muerto. Recuerdo pocas caras, no tengo memoria de tu funeral. Los médicos dicen que bloqueé el recuerdo por el dolor que me produjo. Recuerdo que en tu entierro Tití Lucyn me apretó fuerte mi mano como diciendo “yo estoy aquí. Y el momento en el que bajaron la caja y tus hijos e hijas inundaron con su llanto el lugar. Eso lo recuerdo….
Te tuve tan poco tiempo que luego lloraba porque en mi ignorancia creo jamás te dije “abuelo, te amo”. Luego se lo conté a abuela y ella me dijo que tu sabías cuánto yo te amé. Y después de quizás 24 años de ésta pérdida y este vacío tan grande, yo sigo amándote, abuelo. Tan alto, guapo y robusto. Con tu viejita, tu radio, tu mecedora y rodeado del batallón que formaste (17 hijos, 45, y al día de hoy no tengo cuenta exacta de tus bisnietos)con eso eras más que feliz y te sentías bendecido. ¡¡Te extraño mucho, abuelo!! ¡¡Te amo!!